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El juego tradicional como proceso de innovación educativa

El juego tradicional como proceso de innovación educativa para la construcción del capital cultural


Para comenzar, el juego tradicional puede ser una herramienta pedagógica que permita construir el capital cultural de los estudiantes a partir del desarrollo de su creatividad y habilidades tanto individuales como colectivas. Así pues, esta actividad lúdica es uno de los primeros recursos de involucramiento que los seres humanos viven en su proceso de vinculación con su contexto social, cultural y de aprendizaje. Siendo, los juegos que nuestros padres y abuelos jugaron cuando niños son los primeros en estar en nuestra memoria lúdica y que construyen un vínculo de aprendizaje vital para nuestro desarrollo individual. Además, tiene un potencial de ser utilizado pedagógicamente en el aula. Ya que es un recurso para la generación de ambientes de aprendizaje inclusivos que rompen con los esquemas tradicionales de enseñar-aprender utilizando dinámicas activas que

que ayuden al estudiante a desarrollar sus habilidades o encontrarlas. Es así, Las metodologías activas que involucran este tipo de juegos pueden construir escenarios horizontales para que todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades de crecimiento personal. Además, el desarrollo del capital cultural a partir del juego tradicional en el aula puede permitir expresiones tanto individuales como colectivas dentro de su dinámica social y convertirse en un potenciador positivo de la diversidad e inclusión en los espacios de aprendizaje. De manera que, este tipo de exploración pedagógicas alejadas de lo habitual puedan ayudar al desarrollo de un capital cultual que permita reducir las marcadas desigualdades sociales y culturales que han existido en América Latina.

¿Podemos a través del juego tradicional buscar alternativas pedagógicas más cercanas a nuestros contextos sociales y construir el capital cultural desde nuestros propios cimientos culturales en ambientes de aprendizaje inclusivos?


El juego representa una identidad cultural, social y lúdica. A partir, de sus reglas y maneras expresa las tradiciones e idiosincrasia del lugar y símbolos de una historia que se comparte de generación en generación. “Un juego no es sólo un juego, forma parte de un todo, forma parte de una cultura. Tiene una historia, un objetivo, una finalidad, una estructura, una filosofía y una estrategia” (Cortizas, 2013, p. 13). Así, esa estructura que conforma el juego más tradicional puede permitir la conexión entre lo lúdico y el contexto cultural y utilizarlo dentro del proceso de enseñanza aprendizaje en las aulas. Por un lado, su dinámica lúdica donde intrínsicamente aprendemos sin estar aprendiendo. Ya que, rompe la dinámica pasiva de Enseñar-aprender muy acentuado en las aulas de clases. Esto, permite una construcción más natural de conceptos culturales y de expresiones acorde a la edad del participante. Según Fröbel (1987), “El juego es la forma típica que la vida tiene en la infancia, por lo que también vale la pena educar en el juego y mediante el juego; los niños hacen jugando cosas que nunca harían de forma impuesta y autoritaria” Así, La dinámica lúdica del juego sumado a su potencial social y cultural favorece. En primer lugar, a la inclusión de los participantes en la actividad a partir de la simpleza de lo divertido. En segundo lugar, Favorece la construcción de vínculos en la búsqueda de objetivos comunes y, por último, los elementos sociales que construyen la acción de jugar son un proceso educativo cultural por sí mismo. Por otro lado, Según Nuñez y Nuñez, (2011)” Los juegos forman parte de la vida del individuo, por un lado, no es posible describir la condición social del ser humano sin juegos, porque, son como una expresión social y cultural de la adaptación que ha generado en relación con su entorno”. En consecuencia, la dinámica social de aprendizaje que sucede alrededor del juego puede involucrar un proceso de aprendizaje que abone al capital cultural de nuestros estudiantes, a partir de ponerlos en situaciones donde la creatividad, resoluciones de problema y la expresión de sus ideas sean el motor del aprendizaje.


El aprendizaje cultural que los juegos tradicionales pueden aportar en el proceso educativo de los estudiantes permite el intercambio social y la construcción de ambientes de aprendizaje positivo dentro de las aulas en cualquier nivel donde se apliquen. Es así, el aula se convierte en un espacio social donde cada estudiante posee características únicas las cuales deben ser respetadas y valoradas por sus pares. Esto, permitirá fortalecer una dinámica de inclusión y respeto dentro del espacio de aprendizaje. Así, el aula como un agente educativo invita al intercambio y exploración libre. Según Sallan (1995), “el espacio educativo debe abrir a la expresión de los protagonistas, no solo se trata de aprender sino de comunicarse(...) manifestarse”. Donde, el estudiante pueda expresar sus ideas y experimentar expresiones culturales y artísticas diversas desde sus intereses y aficiones o encontrarla. De manera que, la escuela se convierte en un espacio inclusivo donde la diversidad favorece el desarrollo cultural de sus integrantes. Así, el juego bien seleccionado por el educador puede convertirse en un detonador de la dinámica dentro del aula permitiendo la oportunidad a todos de aportar al colectivo. Según Sánchez (2000), “los juegos proporcionan los medios ideales para desarrollar en los sujetos capacidades de orden intelectual, motrices, dimensiones relacionadas con el equilibrio personal y de vínculo e inserción social. Por lo tanto, se presenta como reto el poder abordar la educación desde el enfoque del juego, en el que las experiencias en las cuales se sumergen los sujetos estén cargadas del componente lúdico”. Cabe destacar, que el aprendizaje cultural no solo puede suceder con el juego tradicional como herramienta pedagógica. También, puede darse con distintas expresiones creativas y artísticas. Igualmente, permiten un desarrollo social y cultura de los participantes y pueden funcionar en conjunto con la ludificación para construir el capital cultural necesario para fortalecer el vínculo social de la comunidad educativa. Por tanto, Una escuela que permita el desarrollo del capital cultural de sus estudiantes está trabajando en reducir las desigualdades sociales y de acceso a los bienes culturales que sucede en Latinoamérica (Cepal, 2015) a partir de escenarios que den la oportunidad de explorar el acervo cultural de sus comunidades que en sus núcleos familiares no logran alcanzar.


La innovación dentro del aula debe buscar alternativas pedagógicas desde el contexto cultural que la rodea donde expresiones artísticas o sociales, como los juegos tradicionales, pueden fortalecer los procesos de inclusión social y permitir los escenarios de aprendizaje necesarios para el desarrollo del capital cultural de los estudiantes y de la comunidad que rodea a la escuela. Según, La Organización de las naciones unidas para la Educación, La Ciencia y La Cultura, UNESCO (2020) “una transformación de la cultura, la política y la práctica en todos los entornos educativos formales e informales para dar cabida a las diferentes necesidades e identidades de cada alumno, así como el compromiso de eliminar los obstáculos que impiden esa posibilidad” (p.14). Pero, estas transformaciones sociales no solo deben ir dirigidas al “programas Educativos” o “contenidos de la asignatura”. igualmente, debe ser un proceso que integre de manera natural a las características individuales y colectivas que construyen las diferentes dimensiones del ser humano. UNESCO también expresa que debe ser “un proceso orientado a responder a la diversidad de las necesidades de todos los alumnos incrementando su participación en el aprendizaje, las culturas y las comunidades, reduciendo la exclusión en y desde la educación” (p. 13). Para ello, El juego se convierte en una herramienta facilitadora donde el estudiante puede explorar aspectos de su personalidad, carácter y de conocimiento. Eso sí, el juego debe estar orientado a este fin sin dejar la naturalidad y espontaneidad de este para poder convertirse en un recurso en el aula y no solo en una actividad divertida. Asimismo, puede ayudar a fortalecer el vínculo emocional e histórico con la comunidad que nos rodea al proveernos con los elementos necesarios para conectar e identificarnos con ella. Así, la innovación educativa no necesariamente debe desarrollarse por el uso de la tecnología, importante para el mundo en el que vivimos, pero las realidades sociales y económicas de nuestra región puede dirigirnos a afrontarlo desde una perspectiva cultura fortaleciendo la conexión entre la comunidad, sus tradiciones y pertenencia a ella, en un ejercicio de inclusión social. Donde, se debe involucrar a la escuela y a la comunidad en una asociación vinculante y esencial para la construcción de sociedades más ecuánimes con sus ciudadanos.


Conclusiones:

El juego es un potenciador positivo de la diversidad e inclusión en las distintas dinámicas que suceden dentro de los ambientes de aprendizaje y puede fortalecer los vínculos emocionales entre los estudiantes para construir una comunidad integrada desde sus diferencias para permitir escenarios donde puedan expresarse y enriquecerse mutuamente. Además, El juego tradicional es una muestra de identidad de nuestras comunidades que se puede convertir en una herramienta de aprendizaje cultural muy significativa. Ya que, está conformado por la vivencia e historia de muchas generaciones dándole una capa social y educativa importante que no debe ser menos preciada como recurso lúdico en el aula. También, es una expresión cultural de la comunidad y es una forma de apropiarse de su propia historia compartiéndola con las nuevas generaciones. Esto, permite construir una identidad y pertenecía a nuestra comunidad de un proceso lúdico no invasivo y vivencial. Pues, no todo funciona como asignatura o contenido programado. Muchas veces, debemos cambiar la dinámica de las aulas con recursos que nuestro mismo contexto social y cultural nos ha facilitado por mucho tiempo y que hemos alejado de las aulas por otras metodologías educativas las cuales pueden coexistir y fortalecerse mutuamente. A pesar de que, las desigualdades que existen en Latinoamérica no se erradicaran en el corto plazo. Pero, apostar por procesos educativos inclusivos y enfocados en el desarrollo del capital cultural de nuestros estudiantes permitiendo la aparición de dinámicas más centradas en ideas, creatividad y expresiones artísticas que fortalezcan las distintas dimensiones del ser humano puede resultar en comunidades más equitativas. Cabe destacar, que el vínculo de la escuela con la comunidad que es parte el centro educativo es vital para este tipo de transformaciones. Así, Las actividades lúdicas deben estar diseñadas y orientadas como recurso didáctico y pedagógico explotando su lenguaje universal que pueda acercar temáticas culturales a comunidades que no tiene acceso. De la misma forma, puede ser utilizado para el diseño de ambientes de aprendizaje que permita romper la dinámica pasiva del sistema bancario en el aula y reactivar tanto físicamente como creativamente a los estudiantes presentándoles una actividad atractiva y desafiante a través del juego tradicional. Por tanto, En una sociedad donde el acceso a la tecnología de la información es complicado para una gran parte de ella. Es importante, buscar vínculos entre la realidad social y la educación para trabajar desde el aula procesos de aprendizaje inclusivos y culturales que permitan a partir del fortalecimiento de nuestra identidad, tanto individual como colectiva, procesos de innovación educativa contextualizados en nuestra realidad. Muchas veces, para transformar un salón de clases debemos observar la realidad de nuestros estudiantes y a partir de ellos poder revolucionar las sociedades.





Referencias.

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Brito, Sonia; Porra, Loreno y Ochoa, Luis. (2019) Inclusión social / Educativa, en clave de educación superior. Revista Latinoamericana de educación inclusiva Vol. 13. No. 2. Santiago de Chile.

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Cortizas, Antón. (2005) El juego (Tradicional) en la escuela. Revista Padres y Maestros, junio 2005 No. 293. p 7-10 recuperado: https://revistas.comillas.edu/index.php/padresymaestros/article/view/2147/1873

Flores, José (2016) Capital cultural y estrategias educativas en hogares periurbanos. Un estudio comparativo en tres localidades del centro de México. Perfiles educativos Vol. 38, No. 154. México

Gairin Sallan, J (1995). El reto de la organización de los espacios. Aula de Innovación Educativa, 39. p 45-50.

Giraldo, Alejandro y Restrepo, Jaime (2017). El juego como mediación pedagógica en la comunidad de una institución de protección, una experiencia llena de sentidos. Revista Latinoamericana de estudios educativos Colombia. vol. 13, núm. 1, p. 105-128.

Gutiérrez, Laorden y Pérez, Concepción (2002). El espacio como elemento facilitador del aprendizaje. Revista Pulso. No. 25. p 133-146

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Sánchez, G.E. (2004). El juego en la educación física básica, juegos pedagógicos y tradicionales. Colombia. Editorial Kinesis.

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