¡Regresemos a lo básico!




Todos teníamos la esperanza, rozando a la ilusión que el 2021 fuera el regreso triunfal a las aulas, con nuestros estudiantes, amigos, compañeros y toda la rutina, social y de aprendizaje que involucra ir a la escuela, después de un año muy complicado, estamos buscando ese respiro, esa alegría. La vida nunca es como queremos y tras el anuncio (para muchos previsto) que el año iniciará en modalidad virtual, se han escuchado centenares de quejas sobre esta decisión.


Esta crisis educativa ha dejado al descubierto falencias enormes del sistema, como la escuela ha sido confinada a un espacio físico, a un modelo bancario y como los involucrados se desligan del proceso, responsabilizando casi en su totalidad al sistema educativo de la educación de sus hijos. Al mismo tiempo descubrimos (o se hizo visible) un sistema con una falta de adaptabilidad, falto de recursos y atado a paradigmas de otras épocas, forzado a querer repetir un modelo que “funciona” en un espacio físico determinado, de una manera específica y que aun con estas condiciones, este modelo ya venía agonizando, peleando con la tecnología, peleando con generaciones con características diferentes, con maneras diferentes de ser estimulados, de aprender. Un modelo que creíamos que funcionaba porque era nuestra rutina, no lo cuestionamos, no le prestamos la atención, hasta que lo desnudo una pandemia.


¿Por qué necesitamos ir a la escuela para aprender?

Hemos confinado la educación a un espacio fijo “La escuela” o “la computadora” como esta imagen derivativa del lugar donde sucede la acción de aprendizaje, esto ha acarreado una serie de dificultades técnicas para el desarrollo de las actividades durante la pandemia que vivimos, unas por no poder asistir a la Escuela y el otro por falta de herramientas del “como” usar un recurso para construir nuestras propias experiencias educativas. Estos escenarios surgen de la repetición inconsciente (espero) de paradigmas o ideas muy arraigados en nuestra manera de ver la educación.


Paradigma 01: “Solo en la Escuela puedo aprender”

La idea de que la acción de aprendizaje solo sucede en la escuela o frente a una computadora, es más falso que la Luna es de queso. Aprender no debería estar ligado a un espacio físico, podemos aprender más sobre pintura, hablando con un artista en su despacho contemplando sus obras en silencio que en un museo. El museo facilita la conexión entre el Observador y la obra, pero no confina la experiencia y el aprendizaje del arte en sus paredes. La escuela no puede confinar y atrapar (casi secuestrar) el proceso de aprendizaje a sus paredes azul y blanco, la falsa necesidad de ir a un lugar para aprender nos limita nuestras oportunidades de aprendizaje.


Educar para autogestionar nuestros ambientes de aprendizaje debería ser una apuesta en estos modelos mixtos (virtual o remoto) dando herramientas para que nuestros estudiantes rompan con este paradigma y se adueñen de sus experiencias de aprendizaje en un primer momento individuales para luego compartir con sus compañeros.

Podemos aprender donde queramos, lo que queramos, pero necesitamos construir un nuevo paradigma alrededor de la independencia educativa de nuestros jóvenes. La escuela no debería ser necesaria para educar y aprender.


Paradigma 02: “El profesor no me enseña”

En un sistema educativo donde el estudiante es independiente y gestiona sus ambientes de aprendizaje, el profesor se vuelve un Tutor, una especie de Guía para desenredarlo en momentos de dificultad o para señalar diversas alternativas del tema o ideas que el estudiante tiene en mente. El estudiante se vuelve responsable de su aprendizaje y aprende que preguntar, cuestionar, dialogar es importante para ello a través de la figura del Tutor, como su sombra en el proceso. ¿Idílico? , en muchos países así funciona, pero en nuestras latitudes, aún se escucha “el profesor no me enseña”, aún creemos en un modelo bancario donde el Profesor es una máquina de compartir conocimiento, tipo Wikipedia que solo buscas y recibís, eximiendo de responsabilidad al estudiante del proceso.


Educar a ciudadanos que asuman la responsabilidad de su aprendizaje, que construyan una comunidad educativa junto a sus tutores, tomando un rol activo en la acción educativa.


Paradigma 03: “Es responsabilidad de la escuela, no mía”

La educación tiene muchos actores: los estudiantes, sus educadores, la institución, los padres de familia y la misma sociedad. Cuando hablamos de ella no podemos eximirnos de la responsabilidad que como ciudadanos intrínsecamente tenemos con el proceso educativo. Somos garantes, críticos y parte. Para transformar la educación la sociedad debe asumir su rol y activamente participar. Cuando responsabilizamos a la escuela y al estado de la educación de nuestros ciudadanos, caemos en un acto en contra de nosotros mismos, de nuestra responsabilidad ciudadana. La culpa no es de la escuela, es de todos, cada uno con su parte de la culpa. desde el estudiante hasta la sociedad que ha olvidado la importancia de educar a sus ciudadanos, en la construcción de ambientes positivos de aprendizaje y de asumir la responsabilidad de su propio futuro.


Todos somos partes de la solución.

Descomponiendo estos paradigmas podemos dar un paso a buscar soluciones para que el 2021, sin importar la pandemia mundial, sea un año de transformación educativa. De un cambio real ¿Qué mejor momento para una revolución educativa que una pandemia?



La escuela: Social, emocional y el ambiente.

Extrañamos ir a la escuela, eso es evidente, pero no es todo. Si simplificamos 3 elementos que componen la nostalgia, que también son los elementos que constituyen el ambiente de aprendizaje, lo social, lo emocional y el mismo ambiente. Echamos de menos todo lo que conlleva la interacción de ir a este lugar fijo y que desde nuestras casas, se dan, a través de otras maneras, pero esos momentos en el recreo, esas platicas luego de clases, los tiempos de socialización luego de las actividades. ¡Como se extraña! , pero el distanciamiento social no impide este tipo de actividades, importantes, pero pueden y deben evolucionar. Más que usarlos como excusas para no realizar un regreso a la escuela, pueden ser la base del diseño de las experiencias de aprendizaje de este año académico. Dándole importancia a lo social, a lo emocional y salir del aula, buscando alternativas para desarrollar modelos mixtos donde la acción educativa puede suceder en diferentes escenarios, ambientes alejados de la transmisión de contenidos y enfocarse a la construcción de ambientes más en lo colectivo, en el ser humano, a lo básico de la educación ¡Lo bien que nos hará cambiar de escenarios de vez en cuando!


Si extrapolamos estos elementos y lo llevamos fuera de la escuela ¿Que podría pasar?


¡Tomemos la ciudad!

Ir a la escuela es un problema, agrupar tanta gente es un problema, estamos en una pandemia, un problema gigante ¿Qué hacemos entonces? Está claro que no podemos seguir haciendo lo que hemos estado haciendo, necesitamos un acercamiento al problema más simple, sin alcances imposibles, más real, fuera del espacio tradicional de la escuela.


¿Por qué no pensar en las comunidades como parte de la infraestructura educativa?


Las escuelas son parte de la malla urbana, de la comunidad y a sus alrededores siempre existirán espacios públicos que convergen y son parte de ella, parques, canchas o áreas verdes. Lugares que pueden ser utilizados como espacios de aprendizaje, al aire libre y darles un respiro a nuestros estudiantes. regresando a lo básico cuando ir a la escuela era estar bajo el árbol, en círculo, compartiendo. es lo que necesitan nuestros chicos. La ciudad posee ya espacios que podemos adaptar para construir estos ambientes y complementar el proceso de aprendizaje. Cambiando escenarios, dinamizando. Pensando fuera del cubo Azul y blanco, de las 4 paredes que muchos consideran sagradas.


Para ello debemos cambiar y pensar diferente las jornadas educativas:


  1. Jornadas más cortas, con pocas personas.

  2. Jornadas no diarias. distanciadas de vez en cuando.

  3. Más activas, enfocadas en lo social, en lo emocional.

  4. Complementaria a las actividades en casa.

  5. Burbuja educativa.


La educación puede adaptarse y debe adaptarse a las circunstancias, este año debe ser dejar de solo pasar frente la computadora o llenando Guías a lo loco y construir una experiencia más dinámica, más interactiva, más emocional y social, para ello Tomarnos la ciudad y convertirla en núcleos de aprendizaje en cada comunidad, cada pueblo, barrio, responsabilizarnos como sociedad y darle un giro a la situación. ¿Se imagina una ciudad desbordada por la educación de sus jóvenes?


La educación ha sufrido mucho, deserciones, desigualdades, olvidos, populismo y un despertar, casi de la manera brusca cuando te caes de tu cama a medianoche, todos somos partes del problema y podemos ser parte de la solución.


Seguir buscando soluciones en el mismo sitio no nos llevara a nada, desaprender para explorar nuevos escenarios de aprendizaje es imperante, el intentar nuevas formas de encaminar el rumbo de la educación a través de la construcción de burbujas educativas

donde todos nos cuidamos y todos aprendemos, porque al final del día lo más importante no son las guías realizadas, es quienes nos convertiremos gracias a nuestros compañeros y las experiencias vividas, siempre valdrá la pena intentarlo por nuestros jóvenes.



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